¿Frustración o cabreo impredecible?

Todos los grupos partidarios (variante “reforma federalista de la Constitución” incluido) de mantener lo esencial del tricentenario “derecho de conquista” (éste sí ilegal) que ejerce la “parasitaria camarilla-de-Madrid” (p-cM en lo sucesivo), afirman que el no poder votar el 9N “porque sería ilegal por anti-constitucional, y el Estado Español lo impedirá”, “producirá una enorme frustración del pueblo catalán”.

Que repitan esta predicción, y que lo único que se les ocurra para evitarnos a la mayoría de catalanes tamaño disgusto es repetir que “Mas tiene que cejar en sus delirios, rendirse y retirar la consulta”, incluido “el sucedáneo”, “el simulacro”, “el teatro”, “la costillada”, “la pantomima”, “la ridiculez”, “el esperpento”, “el sano ejercicio dominical”, etc., etc., etc., que hoy ha anunciado, refleja que la p-cM y sus distintos defensores (muchos de ellos sin cobrar emolumento alguno; caso contrario, el escandaloso endeudamiento del Estado Español aún sería mayor…), continúan sin enterarse de nada. Siguen con la disonancia cognitiva que les ha generado 300 años de ejercer su dominación como vencedores del 1714.

Desde su dirigismo centralista, la p-cM y sus apéndices siguen sin enterarse que fue en la vigilia de la enorme movilización del 11 de setiembre de 2012 cuando Mas tuvo el olfato político de decir “Escucharé lo que el pueblo diga mañana”. En la manifestación de “La Diada”, más de un millón de pueblo gritó “¡Independencia!”. A pesar de esto, Mas tardó otro año y medio en verbalizar la palabra “Independencia”, y ello tras otro millón-y-pico de pueblo participando en la “Vía Catalana” del 2013.

Tuvo que transcurrir otro año e interceder otro millón-y-más-pico de pueblo en la V del último 11 de setiembre de 2014 para que el domingo pasado, en un encuentro en Manresa de bases de su partido CDC, Mas manifestase que “Es muy importante que en Cataluña los que hacen la política, que son los partidos, entiendan muy bien una cosa: el adversario no lo tenemos en Cataluña… y, si lo tenemos en Cataluña, no es demasiado poderoso. El adversario de los partidos catalanes está fuera de Cataluña y se llama Estado Español, y no nos podemos confundir ni equivocar en eso”.

Y en su comparecencia de hoy, Mas ha tardado 14 minutos en decir que “(…) soy perfectamente consciente que el adversario real es el Estado Español”. Y cuatro minutos más tarde, ha insistido: “No nos confundamos de adversarios: el adversario real es el Estado Español, que hace todo lo posible para que no votemos” (y para bloquear, interferir, destruir,… muchas cosas más).

Por fin Mas está planteando abiertamente lo que sabemos (en la clandestinidad bajo Franco y en el silencio bajo la supuesta “libertad” del orden constitucional implantado bajo tutela del ejército –español, claro está- en 1978) la inmensa mayoría de “catalanes de ocho apellidos vascos”: el problema clave es el dominio despótico del Estado Español, construido a partir de la destrucción del Estado Catalán tras la no respetada capitulación de 1714, acabando así el Estado de Castilla de extenderse por toda la “piel de toro” y de imponer a sangre y fuego su lengua, sus leyes, su corrupción con el regio nombramiento a dedo, sus comunicaciones de todo tipo centralizadas en Madrid, etc.

Resulta aleccionador 1) de la perspicacia de los apéndices locales de la p-cM que justo cuando está empezando a salir a la superficie el trasfondo de lo que realmente ocurre en Catalunya, a los veinte minutos de haber acabado las casi dos horas de preguntas de la prensa a Mas, Alicia Sánchez Camacho (lideresa del PP catalán) afirme que “Creo que los catalanes son hoy conscientes que el proceso soberanista se ha acabado”. Y 2) de la sensible piel-espejo de los dominadores que algunos hayan reaccionado afirmando que “Artur Mas usa ya lenguaje belicista y dice que el enemigo es ‘el Estado español’”… valoración que, de paso, ilustra su escaso rigor, pues han “traducido” la difícil palabra catalana “adversari” por la castellana “enemigo”. La p-cM no se anda con matices…

Si finalmente el 9N no hay votación, en la inmensa mayoría del pueblo catalán que quiere decidir el cambio de status no habrá frustración sino cabreo. Y cuando más consciente se haga del contenido de fondo de lo que está ocurriendo, más impredecibles serán los caminos que tome dicho cabreo…

Lluís Botinas          Barcelona, 141014